Escritor que concibe la literatura como el medio artístico más libre para trasladar ideas sin intermediarios. Su mirada, influida por el cine, la cultura pop y autores contemporáneos, privilegia la honestidad, el sarcasmo y la autenticidad frente a la corrección política. Debutó con el libro de relatos En esta ciudad todos lloramos por la noche, donde explora personajes entrañables y contradictorios. Su obra busca retratar, con ironía e intimidad, las pulsiones, fracasos y deseos de la vida urbana.
Procedente del verbo emerger, por definición, el adjetivo emergente determina a aquel o aquello que emerge, que nace, sale y tiene principio de otra cosa, y por extensión emergente es lo mismo que decir flotante, ascendiente, naciente o saliente.
Para el caso que nos ocupa, emergente es aquel que comienza a descollar, sin importar su edad y ocupación, aunque nuestro interés se centra en las artes y las letras, queremos vernos las caras con aquellos que sobresalen o comienzan a hacerlo, a destacar, despuntar, resaltar o distinguirse, para conocimiento general del respetable, y qué mejor que haciéndonos partícipes del personaje.
El personaje invitado.
Ehrior Sanabria
Seudónimo, alias, nombre artístico o de guerra.
Mi nombre es Ehrior y lo cierto es que la mayoría de personas me han llamado así toda la vida. Quizás no lo escriban correctamente, o no sepan qué hacer con la h. No obstante, hay muchos apelativos como querido, hermano, brother, zorro, mi niño, pichón, bebe, amor, míster, cabrón, compa, etc. A estos nombres respondo o he respondido con tanto afecto como quien me llama Ehrior.
Nombre, lugar y fecha de nacimiento.
Ehrior Sanabria, Madrid, diciembre de 1985.
¿Por qué escritor?
De las disciplinas artísticas en las que he tenido presencia importante, considero que la escritura presenta menos límites. Puedo trasladar sin intermediarios el concepto o intención que he concebido, no debo preparar un lienzo o coordinar una filmación y esperar a postproducir la pieza. Obviamente la literatura requiere técnica y haber leído muchísimo. Creo que es la disciplina más exigente y esto la hace más seductora, entrañable, estimulante y desesperada.
¿Cuándo supiste que lo tuyo era esto?
De las pocas cosas que rescato de la universidad, además de un par de amigos maravillosos, es que comencé a escribir. No sé muy bien en qué momento, pero mi amigo Bosco —Omar Jerez— leyó algunos relatos y le fascinaron. Desde entonces, prácticamente se pasó los últimos 20 años insistiéndome en que escribiera. Es la persona que conozco que más libros lee, no exagero, pero mínimo deben ser cerca de 200 al año, mínimo. Por eso su influencia fue tan importante. Supe que era lo mío hace mucho tiempo, pero el impulso y la determinación se alinearon en 2023.
Un norte o principio inamovible.
Cuidar tu voz, tu mirada, ser honesto. No dejarte dominar por la corrección política ni por las propuestas oportunistas que no conectan contigo. El discurso debe ser genuino, noble, sin pretensiones, sin autocensura.
¿Cuáles son tus influencias?
Soy muy cinéfilo, veo series, consumo contenido digital, memes divertidos, literatura, arte clásico y contemporáneo, publicidad. También me gusta la arquitectura y el diseño industrial. Entre todo esto, hay un nombre propio que me fascina, Paolo Sorrentino. Siento devoción por sus obras.
Lo divertido de las influencias es que permean en ti, en tu imaginario, personajes de ficción que se te quedan adheridos al alma como Tony Soprano, los antihéroes de los Hermanos Cohen o Aki Kaurismaki, la belleza de Kiarostami, el surrealismo de Berlanga o Fellini. Son infinitas las influencias del cine porque puedo ver obras de Scorsese o un capítulo de Paquita Salas y en ambas encuentro algo enriquecedor y estimulante.
Y, respecto a la literatura, también hay infinidad de nombres. Tengo presentes a Beigbeder, Kureishi, Carver, Orejudo, Nothomb, Easton Ellis, Baily, Salinger, Dickens, Valle-Inclán, entre muchos más. Fragmentos, frases o escenas que ya son parte de mí.
¿Y tu referente?
Antonio Orejudo me parece un escritor extraordinario, creo que debería tener más crédito del que ya tiene. Se merece todo. Su obra es profunda y destila ironía, conecto con ella al instante.
¿Cuál es, a tu juicio, la mejor novela?
Esta pregunta es jodidamente difícil. Me quedaría con algún clásico de Dickens o, con Crimen y Castigo de Dostoevsky. Pero si me preguntas esto la próxima semana, te diría algo completamente distinto.
¿Y tu mejor obra?
Irónicamente mi mejor obra es también la única hasta el momento, En esta ciudad todos lloramos por la noche.
¿A quién consideras el mejor escritor?
Admiro profundamente a Emanuele Carrere, su obra es absoluta. Otro escritor que cayó en mis manos recientemente es Alejandro Zambra, estoy leyendo todos sus libros, uno a uno. Son maravillosos, exquisitos, iluminadores, siento una gran sincronicidad con su forma de narrar.
Con quién cenarías, con quién no, y por qué.
Los grandes megalómanos de nuestra historia, aunque me generan curiosidad a nivel de estudio, acabarían por darme pereza, así que me iría a cenar con algunos músicos. Charly Garcia, Fito Páez, Joaquín Sabina. Llevamos también a Calamaro para que no se ponga triste.
¿El hábito hace al monje?
Lo fundamental es el talento, la voz, la mirada. Si tienes eso, y tu aspiración es escribir y publicar, entonces de alguna manera tienes que trabajar, dedicarte, aterrizar tu talento, no desfallecer. Conducir esta pasión a un ejercicio de resistencia es la parte complicada.
¿Crees que la cultura en general es independiente?
Honestamente, no. Vemos los lazos entre grupos mediáticos que contienen diarios, editoriales, participaciones en TV y plataformas de streaming. Y si metemos al Estado como otro actor importante, ya olvídate. La cultura, como industria, no es independiente.
El tema es que puedes hacer una performance tirándote al suelo y compartirlo con tus amigos y tu mamá, y está bien, si te veo te doy un abrazo, pero la realidad es que, si quieres trascender de alguna manera, tienes que conectarte con la industria. Con alguna editorial que se atreva y comprometa a publicar tu obra, y a distribuir y promocionar tu libro. Aquí es cuando comienzas a entender, si no eres muy pendejo, que este mundo es muy jodido y que además del talento necesitas muchos otros elementos.
¿Y la novela en particular?
Creo que la literatura es más libre y, por su propia naturaleza, menos masiva que la industria audiovisual. Hay editoriales que no pertenecen a los grandes grupos y que son exquisitas, están publicando propuestas literarias complejas, atrevidas y sorprendentes. Leer requiere cierto esfuerzo y concentración por lo que ese límite, no sé si intelectual o físico, dota a la novela de cierta libertad que no tienen otros formatos de la industria.
Tu última obra
Como comentábamos antes se titula En esta ciudad todos lloramos por la noche. Es un conjunto de 30 relatos. Son historias de ficción donde distintos personajes, algunos audaces y otros patéticos, pero todos sumamente entrañables, tratan de alcanzar sus deseos, sus pulsiones, sus sueños. He tratado de construir un grado de intimidad que refleje nuestra complejidad y, en muchos de ellos, bajo una mirada dominada por el sarcasmo desacralizando nuestros errores.
Tu próximo proyecto
Comencé a trabajar la estructura de dos ideas, una derivada del último relato del libro, llamado Brighton en la que distintos personajes tratan de encontrarse a sí mismos en la ciudad incorrecta. La otra alternativa explora la amistad entre dos amigos que se encuentran en Panamá tras varios años separados. Tengo que definir un par de detalles y sumergirme en una de ellas, espero que vea la luz el año que viene.
Una anécdota divertida
En el libro hay relatos muy divertidos. Navidad, Muñeca o Vacaciones, que recuerde ahora mismo. Por ejemplo, este último nos presenta a una pareja andaluza que viaja a Barcelona y cuya relación de afecto es fascinante en sí misma. Quieren ir a un concierto de Operación Triunfo, otro síntoma que nos da pistas del surrealismo en el que nos sumergimos y, como no podía ser de otra manera, se confunden y todo sale mal. Al final acaban descubriendo nuevas dimensiones sexuales que cambian su vida y su propia relación.
Por último, si tuvieras una varita mágica, ¿qué harías?
Quizás iría al pasado, tomaría ciertas decisiones de otra manera, trataría de no herir a algunos seres queridos. De paso, en ese viaje, también me concentraría en salvar a ciertos músicos de no morir de sobredosis, últimamente han muerto demasiados.
Y, si me permites, si pudiera pedir otro deseo, sería revivir alguna primera vez. Por ejemplo, la primera vez que descubrí Florencia o sobrevolé el Himalaya, la primera vez que vi EL Gran Lebowski, la primera vez que leí Siddhartha. Ese sentido de sorpresa y asombro, casi como Síndrome de Stendhal, es fascinante, continúo persiguiéndolo.

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